Por más que he buscado en los más recónditos recovecos de La Red, no he encontrado ningún sitio que describa en detalle cómo funcionaba el invento. Sólo he averiguado que era algo parecido a una ruleta eléctrica, con una bolita y un cilindro con números, y la gente apostaba a ver qué número salía. Sus promotores argumentaban que no era un juego de azar, sino de habilidad, ya que decían que un avispado observador podría predecir el numerito ganador si se lo curraba, era cuestión de rapidez en el cálculo. En eso tenían parte de razón: no había azar; el juego era una estafa porque el croupier podía hacer que saliera el número que quisiera mediante un botoncito, y así conseguir que ganara la banca. Vamos, que era como los trileros en versión sofisticada.
Los pioneros straperlistas se pasearon por Europa buscando algún casino que instalara su jueguecito, pero en ningún sitio se lo autorizaban; en La Haya y Niza llegaron a utilizarlo y les pillaron enseguida. Así que Strauss se vino a probar suerte (nunca mejor dicho) a España, donde la II República había prohibido los juegos de azar. El primer intento fue a finales de 1933, en Sitges, pero la Generalitat le echó a patadas. Viendo que por las buenas la administración española se resistía, directamente pasó al soborno para conseguir su propósito. Y apuntó muy alto, untando entre otros muchos nada menos que al ministro de la Gobernación (Rafael Salazar) y a Aurelio Lerroux, sobrino e hijo adoptivo del pintoresco presidente del gobierno, Alejandro Lerroux.
Con tan altas influencias de su parte, realizó las gestiones oportunas a lo largo de 1934 y

Viendo que sus chanchullos no le habían reportado los pingües beneficios esperados, y sintiéndose estafado por los funcionarios a quienes sobornó, el despechado Strauss escribió una carta a Niceto Alcalá-Zamora, presidente de la República, contando la historia con todo detalle y reclamando una indemnización por los costes soportados. Vaya morro. Tras la investigación pertinente se descubrió la corruptela, lo que acabó con la carrera política de Alejandro Lerroux y con su partido (Partido Radical), algo que hay autores que aseguran fue una de las causas de la polarización extrema que sufrió después el país y que desembocaría en la trágica guerra civil. Joder con la ruletita de los cojones.
Años más tarde, durante la posguerra, fueron muchos los que se dedicaron al trapicheo con bienes racionados para poder sobrevivir. A falta de mejor nombre les dio por llamar a tal actividad estraperlo, clara señal de que fue un caso con gran repercusión en la opinión pública, y así entró la palabreja en nuestro idioma." Tomado de .....
La portada del libro muestra una foto del Stra-perlo
No hay comentarios:
Publicar un comentario