sábado, 24 de marzo de 2012

La Alimentación en el siglo XIX

"Centrándonos en el motivo de este estudio encontré, en la página 181 del libro, al comienzo mencionado, una descripción de lo que llamaba "la alimentación de los habitantes jornaleros y labradores de Asturias" una exhaustiva relación de alimentos básicos y obligatorios de estas clases sociales, que por otra parte eran más del noventa por ciento de la población; en ella nos dice que el menú era siempre, más o menos, el mismo, con muy ligeras e insignificantes variaciones, "en toda la provincia, en todos los consejos, en todas las parroquias, en los barrios de estas y hasta en las más apartadas y humildes cabañas"; esta alimentación básica se componía de pan de maíz, llamado vulgarmente borona, fermentado y no fermentado; habichuelas, legumbres, nabos, calabazas y patatas, condimentado todo ello con más o menos grasa o tocino, según las facultades de cada uno, y aún a veces con sólo sal entre los más indigentes.

Es interesante leer algo que nos da la pista de cuando se comenzó a plantar patatas para la alimentación humana en Asturias cuando dice: "patatas de algunos años hasta el presente, pues hace cuarenta años se conocían poco en la mayor parte del principado" por lo que podemos fechar, de forma muy aproximada, el cultivo de este tubérculo hacia principios del siglo XIX o finales del XVIII. También, si leemos el libro 'Agricultura General' de Alonso de Herrera en su reedición de 1790, que en teoría debería estar actualizado, el original es de 1513, pese a que habla de todos los vegetales que se plantaban en el país ni menciona al maíz, omisión esta que contrasta con un estudio del doctor Gaspar Casal, el cual observó, hacia 1730 una nueva enfermedad que llamó 'El mal de la rosa' y que era consecuencia de la ingesta casi exclusiva del maíz, por lo que se puede decir que en esas fechas era casi un monocultivo en la región.

Más adelante nos dice: "Puches de harina de maíz, sólo o mezclados con leche, suero, manteca de vaca o de cerdo, con miel entre los que tienen más medios de subsistencia", para continuar contando como en pueblos de la costa y del interior se comían pequeñas porciones de arenques, leche y sus diversos preparados, huevos, castañas, manzanas, avellanas, peras y algunas otras frutas, según las diversas estaciones del año y localidades. Sobre el pan dice que se comía poco y de centeno, las proteínas procedías de carne de vaca y alguna de carnero en los concejos de occidente y algunos lindantes con Castilla, especialmente en invierno.

En la costa se comía pescado, como sardinas frescas y saladas, merluza, besugo, abadejo, congrio, atún, rubiel, anza y algunos otros, "todos estos son, pues, alimentos que únicamente se usan, ya solos, o combinados en diverso número y proporción, según los posibles y caprichos respectivos".

Las bebidas, cuenta Antonio del Valle, aparte del agua, eran la sidra, el aguardiente y el vino, siendo más bebido el aguardiente en los concejos de occidente y las montañas y el vino en el resto del territorio.

Pese a la aparente variedad alimenticia, pocos podían disfrutar de ella, como muy bien dice del Valle, ya que la mayoría de la población, sobre todo en el interior y especialmente en la montaña, llevaban una vida miserable, incluso en la costa "...aunque se usa más el pescado, no es la clase infeliz la que lo disfruta por carecer de medios para comprarlo".

Tomado de Hª de la Gastronomía , Para seguir leyendo

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